Por Gastón Saiz para Golf en la Argentina. En algún sentido son aventureros. Jóvenes que en cierto momento de sus vidas apuestan por marcar un punto de quiebre y buscan la excelencia. Animarse a lo desconocido, de eso se trata para estos golfistas amateurs que deciden recorrer el camino universitario. Ya puede hablarse de una legión de chicos argentinos que adoptan el sistema de College norteamericano para asegurarse el diploma de una carrera y, al mismo tiempo, tentar al golf profesional. ¿Por qué emigran a los Estados Unidos? Porque casi ningún otro país tiene establecimientos que ofrezcan una formación académica y programas de golf de alto rendimiento en forma paralela. Es la mejor respuesta que ellos encuentran para sus aspiraciones.
“El golf, como deporte profesional, es muy difícil. Y cursar una carrera te repercute para bien porque te da un plan B de vida y te hace mejor persona, te forma. A mí me ofreció una estructura muy buena”, resume Matías Anselmo, que se desempeña como Director de la AAG y que en agosto de 2001 eligió la Universidad de Jacksonville dada la nutrida presencia argentina. Matías se recibió como licenciado en Finanzas y luego se transformó en golfista profesional. Pero después de incursionar por el Tour de las Américas y otros circuitos, en 2009 volvió a Jacksonville para cursar un master, donde nació el vínculo con la AAG y encontró en el golf una salida laboral. “El mundo del golf es en inglés, porque terminás jugando en Europa o en los Estados Unidos. Y después de cuatro años en una facultad, esa experiencia se asemeja a la vida independiente que lleva un jugador profesional. El golf universitario te da este tipo de cosas a muy temprana edad”.
Victoria Correa, que asiste a la University of Southern Mississippi, relata en forma puntillosa cómo se organiza su rutina de golf: “Durante el Fall, que es la temporada de otoño –entre agosto y diciembre–, las prácticas se realizan por la mañana ya que el clima es muy caluroso por la tarde. Y en el Spring (temporada de primavera, entre enero y mayo) los ensayos se hacen por la tarde debido a que las temperaturas son un poco más frías en los primeros meses. Durante ese tiempo de entrenamiento, que es de cuatro horas por jornada, combinamos putting green, chipping, driving range y cancha. Nuestra entrenadora trata de hacernos practicar según lo que necesitamos para sentirnos al mejor nivel golfistico”.
Vicky, en sintonía con las medallas y diplomas que ya recibió durante su cursada en Finanzas, explica con precisión el régimen en las aulas: “Muchas veces uno preferiría quedarse jugando o tirando pelotas, pero el estudio es un requisito para mantener la beca y el status o eligibility para jugar. La NCAA (National Collegiate American Asociation), requiere un mínimo promedio de 2.0, que equivale a un 7, para poder participar de los torneos. Por ello es importante mantenerse enfocado en el estudio y a su vez en el golf”.
Lógicamente, semejante viraje en el estilo de vida, con hábitos y costumbres tan distintos, dificultan la adaptación, al menos en un principio. Lucila Besio, alumna de Newberry College (Carolina del Sur), lo puede certificar: “Se me hizo difícil adaptarme a una cultura totalmente diferente, pero está en uno poder abrirse y acostumbrarse a otra manera de vivir. Tuve la suerte de compartir un cuarto con una chica de la zona que me ayudó a mejorar mi inglés rápidamente. Por otro lado, mi coach de Newberry es una gran persona, y además siempre me mantengo en contacto con mi entrenador Marcelo Cáceres vía mail y chat”.
Andrés Schonbaum, que ya emprende su tercer año de Administración de Empresas en la Universidad de Jacksonville, es otro ejemplo de una inserción no tan sencilla: “Mi primer año resultó un poco duro, quizás porque era algo muy nuevo y estaba lejos de todo lo que más quería. Pero mi segundo año fue muy bueno: encontré muchas cosas positivas, aunque también ayudó que tuve una buena temporada golfistica y encontré el equilibrio para dividir mis tiempos y hacer que todo rindiera. Gracias a eso siento que mejoré bastante y maduré como para que este año fuese aún mejor”.
Cada universidad participa de 11 ó 12 torneos al año, divididos en Fall y Spring, los dos semestres lectivos, aunque algunas facultades se organizan por trimestres o cuatrimestres. Se juegan clasificaciones internas para saber quiénes viajarán en representación de la universidad para los certámenes, y son sólo cinco los jugadores que integran el conjunto, comprendido por un total de entre 8 y 14 golfistas. Las universidades forman parte de distintas conferencias de los EE.UU., por lo que se realizan competiciones para saber cuál es la mejor de la Conferencia y, al mismo tiempo, del país entero. Los torneos más importantes son el Conference Championship, los Regionals y finalmente los Nationals de la NCAA. En definitiva, cada temporada propone una carrera para ver quién llega mejor posicionado en su Conferencia.
Para aspirar a una universidad norteamericana, es fundamental que el amateur en cuestión esté bien ubicado en el ranking nacional y así obtener una beca muy buena. “Es un error que el aspirante ocupe el Nº 1 del ranking y elija una mala universidad; por eso es fundamental el contacto con los coaches, que pueden aconsejar en la búsqueda y que incluso están a la caza de los argentinos, sobre todo después de la conquista del Mundial Amateur 2009 en Japón”, refleja Santiago Garat, instructor senior de la Escuela de la AAG. Después de haber sido profesional hasta 2004, Santiago se orientó hacia el coaching, con la idea de extraer experiencias y transmitírselas a los nuestros. Es fluido su trato con Therese Hession, veterana head coach de Ohio State, con quien suele dialogar sobre “reclutamientos”, un tema siempre en el tapete. “Lo peor que puede hacer un joven aficionado es no terminar el secundario y largarse al golf rentado. Un jugador profesional debe tener madurez y acumular experiencias de vida. Podés hacer muchos birdies, pero no todo se reduce a contactarte por Facebook”, describe Garat”.
Justamente Victoria Villanueva cursa el cuarto y último año en Ohio State. “Hacés una toma de decisiones de manera permanente, no te queda otra, pero después te sirve para aplicarlo a todo nivel, tanto si querés ser golfista profesional o desempeñarte en una profesión fuera del deporte. Ellos te marcan mucho el ritmo de vida americano, en el que se pone énfasis en la responsabilidad, la puntualidad y el orden: no llegar tarde a un meeting, a un gimnasio, a un entrenamiento, etcétera. Cuando vuelvo a la Argentina me encuentro de nuevo con nuestras costumbres más informales y me choca un poco”. Victoria eligió un claustro universitario con escasísima presencia latina, pero supo contactarse con Matilde Carriquiriborde, esposa del ex futbolista Guillermo Barros Schelotto, que en su momento jugaba en el Columbus Crew de la Major League Soccer. “Ellos me ayudaron un montón, cenábamos juntos y se armó una linda relación”, relata Victoria, que estudia Economía: “Vine a esta universidad por el golf, soñaba con la chance de competir en un alto nivel. Pero después las cosas cambiaron, porque me enganché con la carrera y empecé a tener acceso a pasantías en los Estados Unidos o trabajar en la Argentina. Tengo 22 años y se me abren las posibilidades, así que ya no sé realmente si me haré pro”.
Alfonso Otoya, otro de los representantes nacionales en Jacksonville State junto con Andy Schonbaum, Lucía Fernández Valdez, Franco Grillo, Luz Armijo y Melani Sisto, rescata una anécdota: “No me olvido la primera vez que nos tocó jugar el campo de Sawgrass, donde se disputa The Players. En el hoyo 17, aquel par 3 que es el más famoso y temible del mundo por su green-isla, mis compañeros y yo nos quedamos jugando más de media hora, sacándonos fotos y haciendo videos. No nos íbamos más”. Alfonso explica de manera gráfica el golf universitario: “Básicamente somos parte del sistema, robotitos, con un schedule bien definido. Estudio Finanzas y disponemos de los fines de semana libres, excepto que viajemos para un torneo”.
En este contexto, Mark Lawrie, director ejecutivo de la AAG, dio una visión general sobre este sendero universitario, cada vez más promovido por la entidad de la que forma parte: “El sistema de College cuenta con la ventaja de que extiende la vida del amateur y favorece su maduración en los años finales de su carrera universitaria. Si bien no es la respuesta a todos los problemas, ofrece un fogueo y da pautas para que el jugador sepa en dónde está ubicado. El roce interuniversitario continuo le permite evaluar si su porvenir golfístico es viable. Si no, tiene el respaldo de una formación académica”.
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